Un extracto del Prefacio de Juan Calvino de su comentario sobre el libro de los Salmos

Donde Calvino testifica sobre la perfección del Salterio1 sobre cualquier otro libro

Comentario del Salterio

Las riquezas variadas y resplandores cuales son contenidos en este tesoro [los Salmos] no es un asunto fácil de expresar con palabras; tanto es así que, bien reconozco que cualquier cosa que pueda decir será lejano del acercamiento de la excelencia del tema…Ha sido mi costumbre de llamar este libro, no creo inapropiadamente, «Una anatomía de todas las partes del alma;» porque no hay ni una emoción que uno haya sentido que no es aquí representado como en un espejo. O, mejor dicho, el Espíritu Santo ha aquí traído a la vida todas las aflicciones, las tristezas, los miedos, las dudas, las esperanzas, los cuidados, los perplejidades, en resumen, todas las emociones distractoras con las cuales la mente de los hombres están dispuestos de estar agitados.


Las otras partes de las Escrituras contienen los mandamientos cuales Dios impuso sobre Sus siervos para anunciarlos a nosotros. Pero aquí los profetas mismos, mirando que ellos son exhibidos a nosotros como hablando a Dios y abriendo todos sus pensamientos y afecciones íntimos, llaman, o mejor dicho trae, cada uno de nosotros a la examinación de si mismo en particular, para que ninguno de las multitudes de los padecimientos a las cuales somos sujetos y de los muchos vicios con las cuales abundan en nosotros, puedan mantenerse ocultados.


Es ciertamente una cosa rara y de ventaja singular, cuando todos los lugares ocultos son descubiertos y el corazón es traído a la luz, purgado de esa infección muy fatal, la hipocresía. En resumen, como clamando a Dios es unos de los medios principales de asegurar nuestra seguridad y como una regla mejor e infalible para guiarnos en este ejercicio no se puede encontrar en ningún otro lugar sino en los Salmos, sigue que, en la proporción a la habilidad cual un hombre haya obtenido de entenderlos, será su conocimiento de la parte más importante de la doctrina celestial. La oración genuina y seria procede primero de una sensibilidad de nuestra necesidad y luego de la fe que tenemos en las promesas de Dios. Es por leyendo estas composiciones inspiradas, que el hombre será más eficazmente despierto a una sensibilidad de sus trastornos y a la vez, instruidos en buscar remedios para su cura.


…[A]parece a mí un requisito de mostrar brevemente, que este libro nos muestra a nosotros este privilegio, cual es deseable sobre cualquier otro—que no tan solo nos abre a nosotros un acceso familiar a Dios, pero también tenemos permiso y la libertad dada a nosotros de poner ante Él todas nuestras padecimientos, cuales seriamos apenados de confesar ante los hombres. Además, hay aquí también prescrito a nosotros una regla infalible para dirigirnos con respeto a la manera apropiada de ofrecer a Dios el sacrificio de alabanza, cual Él declara de ser lo más precioso delante de Sus ojos, y de un olor más dulce.


No hay otro libro en la cual se pueda encontrar más elogios expresos y magníficos, ambos en la liberalidad sin paralelo de Dios hacia Su Iglesia y de todas Sus obras; no hay otro libro en la cual es grabado tantos rescates, ni uno en la cual las evidencias y las experiencias de la providencia paterna y solicitud cual Dios ejerce hacia nosotros, son celebrados con tan esplendor de dicción, y aún con una adhesión más estricta a la verdad; en breve, no hay otro libro en la cual somos más perfectamente instruidos sobre la manera recta de alabar a Dios, o en la cual somos más movidos poderosamente al rendimiento de este ejercicio religioso. Más, aunque los Salmos están repletos con todos los preceptos cual sirven enmarcar nuestra vida a toda partes de la santidad, la piedad y la rectitud, y nos enseña y nos entrena de llevar la cruz; y el ayuntando la cruz es una prueba genuino de nuestra obediencia, por cuanto en cumpliendo esto, renunciamos la guía de nuestras propias afecciones y nos sometemos totalmente a Dios, dejando que Él nos gobierne y de disponer de nuestras vidas según Su voluntad para que las aflicciones cuales son las más agrias y las más severas a nuestra naturaleza, se hacen dulce a nosotros, porque proceden de Él. En una palabra, no tan solo encontraremos aquí elogios generales de la bondad de Dios, cual enseña al hombre de reposar en Él solamente y de buscar todo su felicidad únicamente en Él; y las cuales son las intenciones de instruir a los creyentes verdaderos que con sus corazones enteros confiadamente de buscarlo a él por ayuda en todas sus necesidades; pero también encontraremos que la remisión gratuita de los pecados, cual solamente reconcilia Dios hacia nosotros y procura para nosotros una paz de conciencia estable con Él, es tanto puesto por delante y magnificado, que en este libro no hay nada que le falte con relación al conocimiento de la salvación eterna.



Ginebra, 22 de julio, 1557.


(1) La palabra Salterio y el libro de los Salmos son sinónimos

Traducido por:

Edgar A Ibarra Jr




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